Piano, la belleza y la grandiosidad del sonido

El piano, un instrumento musical de características impresionantes, en el que se unen la belleza y la grandiosidad del sonido con una espectacular “puesta en escena”, o por decirlo de otro modo, con el “Rey de los instrumentos”.

El piano posee una gran cantidad de recursos musicales. Su mecanismo, sencillo para el ejecutante, permite que un niño pueda fácilmente componer una melodía sin necesidad  de aprender la técnica de ejecución de los grandes pianistas. A su vez, esa sencillez de ejecución inicial, le hace llegar a reproducir obras de una complejidad  tal que otros instrumentos nunca llegarían a alcanzar por sus limitaciones físicas. Los grandes pianistas, pueden sorprendernos con obras de impresionante destreza en su ejecución, y a su vez, de extraordinaria belleza de sonido. Su capacidad polifónica le permite reproducir las obras orquestales más bellas, ser el instrumento acompañante por excelencia, y le convierte en totalmente imprescindible para la  composición musical. La mezcla de sonidos enarmónicos gracias a su pedal forte le confiere una belleza y singularidad que lo hacen claramente distinto, y por otro lado, su pedal izquierdo, o celeste, cambia por completo el sonido dándole “otra dimensión”..Por todo ello, el piano es el instrumento musical más universal en cuanto a difusión.

Aunque  tenemos  que ser sinceros,  no todo son ventajas,  también  hay ciertos inconvenientes: la producción  del  sonido  depende  de la percusión de las cuerdas en el instante en el que el macillo las hace  entrar en vibración.  Esto implica que una  vez la tecla ha sido pulsada y se escucha su sonido, éste no puede ser modificado: debe obligatoriamente ir descendiendo en intensidad, y por tanto, perdemos posibilidades de expresión musical. Para entendernos lo compararemos a otro instrumento de cuerda:  el violín. Cuando el violinista produce el sonido, el arco está constantemente frotando la cuerda y haciéndola vibrar, y por ello, puede modificar la intensidad, además, con su mano izquierda cambiando la posición modificaría también la altura; por último, si el arco frotase la cuerda en distintas posiciones, el violinista consigue modificar así el timbre.  con lo cual,  consigue grandes posibilidades de  expresión sonora de las que el piano carece.  Por ello, cuando escuchamos una melodía en el piano, éste intenta imitar a otros instrumentos que le superan en expresión, pero, ya que no puede, se requiere de la imaginación del oyente para unir esos  trazos melódicos y entender mejor así la música pianística.

Antecedentes del piano

El Clavecín

Claro que el piano actual no surge de repente, antes de él nos encontramos con el clavecín que fue el instrumento más popular hasta principios del siglo XVIII: grandes compositores como Haendel, Domenico Scarlatti y Juan Sebastián Bach le dedicaron sus mejores esfuerzos.

Esta popularidad se debe a que El Clavecin tiene una brClavecinillantez y amplitud sonora que permitía el virtuosismo instrumental. Su “defecto” se debe a que produce siempre la misma intensidad de sonido, es decir, el clavecinista no puede modificar el volumen sonoro según la intensidad de pulsación de la tecla. Esto se debe a que las cuerdas son pinzadas por puntas de pluma de cuervo situadas en lengüetas accionadas por las teclas. Podemos imaginarnos que el calvecín es como una guitarra gigante donde hay un “dedo” para cada cuerda listo a tocar en el instante de pulsar la tecla.

El Clavicordio

Por otro lado, tenemos el clavicordio, otro instrumento de tecla pero de dimensiones más reducidas que el clavecín, y que podía realizar líneas de expresión, ya que, las cuerdas aquí son golpeadas por pequeñas lengüetas de metal fijadas en el borde de la tecla. Hay varias lengüetas por tecla, lo que permite que cada cuerda vibre en distintos puntos y por tanto con distinta intensidad. Ahora bien, el problema del clavicordio es su escasa potencia sonora: máximo nivel no consigue llegar al mínimo de su oponente, el clavecín. El problema es claro: no existía un instrumento capaz de proporcionar la potencia sonora del clavecín, con la dulzura de expresión del clavicordio.

el-clavicordio

Los clavicordios suelen montarse en una caja rectangular. Sus cuerdas corren de izquierda a derecha a lo largo de la caja y pasan por encima de uno o varios puentes que descansan sobre la tabla armónica. El mecanismo se sitúa, por lo general, a la izquierda o en el centro del instrumento e incluye el teclado y las palancas, que van desde las teclas hasta casi la parte posterior de la caja, según el modelo. En la parte posterior de cada palanca va inserta una lámina de bronce llamada tangente. Cuando el dedo del instrumentista presiona la tecla, el extremo de la palanca se alza y hace que la tangente percuta una o dos cuerdas, que comienzan a vibrar. El clavicordio es, pues, como el piano, un instrumento de percusión y por ello se diferencia del clave, cuyas cuerdas son pulsadas. Al golpear las cuerdas, la tangente cumple dos funciones: no sólo hace que vibren, sino que, además, fija su longitud de vibración “de manera muy similar a como un guitarrista determina la altura del sonido de la cuerda al presionarla contra uno de los trastes del mástil de su instrumento. Por consiguiente, al colocar las tangentes de modo que golpeen el mismo orden de cuerdas en distintos puntos de su longitud se puede hacer que suenen diferentes notas”.

El comienzo del piano

Cristofori

De ahí su nombre: en 1709, en Florencia, un constructor de clavecines llamado Bartolomeo Cristofori da a conocer públicamente el invento del clavicembalo col piano e forte, o lo que es igual, clavecín con sonido piano y fuerte, al que poco después llamarán pianoforte, que simplificando nos queda su nombre actual: piano. Cristofori, considerado como el padre del piano, consigue diseñar un mecanismo en el que la cuerda es golpeada por un macillo articulado, que, una vez percutida la cuerda, cae y se libera, posterior mente, al levantar la tecla la cuerda recibe al apagador que extingue definitivamente el sonido. El macillo percutor es recogido en un determinado instante de su caída y puesto de nuevo a punto para una posterior percusión. Cuerda, macillo, palanca, atrape, escape y apagador son los elementos básicos del piano de Cristofori.

Como muchos inventos geniales, hicieron falta unos setenta años para que la comunidad musical se diera cuenta de las enormes posibilidades del nuevo instrumento. Así, hacia 1730 un constructor alemán, Gottfried Silbermann, lo adapta a sus primeros pianos fabricados. A este personaje apasionado y extravagante se le debe los primeros trabajos de fabricación verdaderamente terminados, pero tampoco tuvo demasiado éxito: coincidió con Juan Sebastián en la corte, y dado que a Bach no le satisfizo el nuevo instrumento que era demasiado rudimentario, Silbermann fue obligado por Federico II de Prusia, su “Patrono”, a destruirlos con un hacha (el despotismo de los señores era descomunal: pobre Silbermann, forzado a destruir su obra). Once años más tarde, en un segundo encuentro con el mayor organista de la época, éste se mostró más entusiasta, empezando así la propagación del nuevo instrumento de Cristofori. Silbermann tuvo una influencia directa sobre el desarrollo paralelo de las escuelas anglosajona y vienesa a través de sus dos alumnos más conocidos, Zumpe y Stein.

Londres: En los años siguientes el mecanismo del pianoforte fue mejorando e interviniendo poco a poco en la vida musical de la época: en 1767 un piano Zumpe entra a acompañar en un recital de canto en Londres. El 2 de junio del siguiente año, el hijo de Bach, Johann Christian, da un recital con otro piano Zumpe. Este hecho fue importante, ya que Johann, clavecinista de gran prestigio y profesor titular de la reina, conquistó a gran parte del público y aficionados al clavecín, que todavía gozaba de muchos adeptos. Más adelante, John Broadwood desarrolla el mecanismo del pianoforte entre 1767 y 1772, en la denominada “gran acción” inglesa. Estos pianos, menos refinados que los de Cristofori, intentan ganar potencia de ataque lazando el macillo sobre la cuerda por una palanca intermedia puesta en movimiento por una “falsa escuadra” articulada sobre la tecla.

El desarrollo del piano

A los nuevos pianistas de 1810 les apasiona la precisión y potencia crecientes de los pianos ingleses, pero se quejan con razón, de la pesadez de su teclado. La ligereza es una característica de los pianos cuadrados, pero la amplitud y pureza del sonido sólo se encuentran en los pianos de cola. A estas alturas, nadie se atreve a tocar en público con un piano cuadrado, que es de escasas dimensiones. En cuanto a los vieneses, les falta estabilidad en el centro del macillo, montado sobre la misma tecla. La calada es aquí corta, por lo que es ligero, pero la repetición suena algo a martilleo. De forma general, sean ingleses, franceses o alemanes, los pianos de la época tienen todavía importantes carencias de homogeneidad: la parte central es tenue, y la amplitud de los graves no compensa la fragilidad de los agudos. Los puntos coincidentes son: el uso de pedales en vez de las antiguas tiras y la tensión de tres cuerdas por nota en los registros centrales y agudo.

Más notas para el piano

Pero es poco, se quiere más de todo: potencia, brillantez, ligereza, igualdad, ataque, resonancia, mayor control de los matices y también más notas. Esto último pronto es satisfecho: los primeros pianoforte que tocó Clementi tenían usualmente cinco octavas, añadiéndoles media hacia 1795, para llegar a 6 en 1810 con John Broadwood o Erard. Hay que esperar a 1850 para que el piano de cola abarque las siete octavas más una tercera menos, o lo que es lo mismo: 88 teclas.

Incluso más, el piano Bösendorfer imperial tiene ocho octavas, pero dado que su uso no ha sido generalizado, suele contar con una tapa que oculta las teclas más graves con el fin de no “despistar” al pianista.

Más potencia para el piano

Las investigaciones se dirigen a los macillos y la tensión de las cuerdas. Jean-Henri Pape tiene la idea en 1826 de cubrir los macillos con fieltro duro en vez de piel, que perdura hasta el día de hoy. Después de incorporar tres cuerdas, se probó con una cuarta, pero sin resultado notable. Al aumentar el nº de cuerdas y su masa, se incrementa la tracción ejercida sobre el marco: es preciso su refuerzo. Mientras que los pianos de Cristofori o Silbermann son todavía de madera, hacia principios de siglo se encuentran ya los refuerzos de hierro. Así nos encontramos con que el gran pianista romántico Franz Liszt tiene en 1830 un instrumento con mayor brillantez en los agudos que el de Beethoven de 1810. En 1820 y en Norteamérica, se intenta fundir un marco de hierro en una sola pieza: Alpheus Babcock realizó el primer piano cuadrado de este tipo en 1825. Aún es un experimento, y éste no logra cruzar el Atlántico hasta la Exposición de 1867 en la que Steinway lo incorpora definitivamente. Otro hecho relativo a la potencia es que los apagadores, que hasta el momento recubrían todas las cuerdas sin excepción, son retirados de los sobreagudos, siendo definitivo en 1830. Esto es posible ya que la duración del sonido de una cuerda aguda extrema es muy corta y por tanto, no es necesario extinguir su sonido, ya que rápidamente decae. En cambio, en el otro extremo, en las notas más graves es totalmente imprescindible, ya que si se percute fuertemente la tecla ésta puede llegar a durar más de un minuto. (Podemos hacer notar aquí, que la duración del sonido va en relación directa con la calidad).

Mecanismo actual del piano

Elementos internos del piano

La construcción actual sigue en sus grandes líneas la del siglo XIX: no hay ninguna innovación tecnológica importante. Al presionar la tecla lo primero que sucede es que el macillo se pone en movimiento en dirección a la cuerda que es liberada por el apagador justo antes de la percusión. Cuando el macillo golpea la cuerda se produce el sonido, el siguiente paso es la caída del macillo hasta ser recogido por el atrape a una distancia aproximada de 2 centímetros. Al soltar lentamente la tecla se libera el conjunto de palancas del escape y el macillo vuelve a estar en posición para volver a tocar la cuerda. Si retiramos la presión por completo, todo el sistema vuelve a su estado de reposo en el que el apagador tiene la misión primordial de interrumpir el sonido.

Elemento externos del piano

  • Tapa armónica del piano
    Es el verdadero elemento de resonancia del instrumento. Sin ella una cuerda no produciría más que un sonido pobre. La calidad y homogeneidad de la madera de la que está hecha son primordiales. La tapa armónica de un piano de cola moderno, construida generalmente en madera de abeto, tiene un espesor de 8 mm, el doble de la de un pianoforte.
  • La caja o mueble del piano
    Prolonga la función de la tapa armónica. Está reforzada por un barrado para sostener el peso de la placa de hierro, fundida en una sola pieza.
  • Las cuerdas del piano
    Están tensadas sobre un puente según el principio de todo instrumento de cuerda. En nuestro caso está enormemente agrandado, dado que las 224 cuerdas generan una tensión del orden de las 15 a 20 toneladas, dependiendo proporcionalmente de las dimensiones del instrumento. Cada cuerda debe ser afinada correctamente. Para ello se enrosca en su tramo final sobre un eje insertado en el clavijero, y se obtiene un tono más agudo o grave según el sentido de giro. Ni que decir tiene que esta labor debe realizarla un profesional, que ajustará cada cuerda a su afinación exacta. Las cuerdas del extremo grave, las de mayor longitud, también llamadas bordones, son de acero hilado en cobre, y se disponen individualmente. En el registro grave se colocan dos por tecla, y en el resto tres. Estas últimas sólo son de acero. La longitud y grosor son directamente proporcionales a la gravedad de la cuerda, es decir, a tonos graves, mayor grosor y longitud, y a tonos agudos, menor grosor y longitud. Por ello, si examinamos visualmente un piano por dentro se aprecia a simple vista la gran longitud de las cuerdas situadas hacia la izquierda, mientras que las de la derecha son casi diminutas, y también se aprecia que en una determinada nota las cuerdas comienzan a tener un recubrimiento de cobre para aumentar el grosor. La longitud de las cuerdas más graves incide proporcionalmente en las dimensiones exteriores del instrumento, y así es posible encontrarnos con pianos de más o menos “cola”: por supuesto, a mayor dimensión mejor calidad de sonido. Este principio incide también en el piano vertical en cuanto a su altura.